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Nacionales

‘Solo quiero que ya no me moleste’: por qué tantas mujeres frenan la denuncia contra su agresor

5 de marzo de 2026
Detenido por violencia contra la mujer.

En los expedientes de la Secretaría de la Mujer del Ministerio Público se repite un patrón que inquieta a las autoridades: mujeres que denuncian violencia, pero luego se detienen a medio camino. Lucrecia Vásquez, titular de la entidad, lo define como “un componente de retractación de la víctima”. Muchas veces el caso llega hasta los órganos competentes y, aun con evidencia recabada, la mujer ya no se presenta o cambia su versión para decir “que se cayó, que se golpeó”, pese a que los indicios muestren otra cosa.

La funcionaria identifica una primera raíz del problema: la naturalización de la violencia. “Hemos tenido mujeres que vienen al Ministerio Público y no se dan cuenta que están siendo violentadas porque lo han naturalizado tanto”, explica. La dinámica se sostiene en disculpas, promesas y perdones, hasta que la agresión física o psicológica “excede” un límite y la víctima se anima a denunciar. Es recién en ese punto cuando muchas descubren que lo que viven en casa es un delito y no un conflicto privado.

La relación con el agresor es otro factor determinante. “Como son los papás de sus hijos, como son los proveedores, a veces solo quieren medidas de seguridad para separarse, que ya no los moleste y no denunciar, aunque haya sido un delito”, describe la funcionaria. Es decir, una parte de las mujeres no busca una condena penal, sino un respiro: que el agresor se aleje, que deje de golpear o amenazar, pero sin romper del todo el vínculo familiar ni llevarlo a prisión.

A esto se suma la dependencia económica. Vásquez señala que “uno de los pendientes para seguir avanzando, para evitar este continuo flagelo, es el empoderamiento económico” y la autonomía de las mujeres. Muchas “regresan, o ya no quieren poner denuncias, porque dependen económicamente del trabajo que produce el esposo o el que la está agrediendo”. Denunciar al proveedor implica arriesgar el ingreso del hogar, el pago de la comida, la escuela de los hijos, el techo.

Cuando el proceso avanza hasta el juzgado, esas tensiones aparecen con fuerza. Aunque el Ministerio Público cuente con “plataforma probatoria”, “en algunas ocasiones los jueces y las juezas determinan de acuerdo a lo que la víctima está diciendo”, reconoce Vásquez. Si la mujer, presionada por la familia, el miedo o la necesidad económica, afirma que se cayó o minimiza los hechos, el caso pierde fuerza. La retractación no es un detalle, sino un factor que puede revertir todo el trabajo de investigación.

La secretaria subraya que este fenómeno no se explica solo por decisiones individuales, sino por una cultura que tolera la violencia. “La violencia se naturaliza”, insiste, y está “internalizada en nuestra cultura, en los diferentes campos y en los cuatro pueblos que tenemos en Guatemala”. En ese contexto, pedir a la víctima que sostenga sola una denuncia contra “el papá de sus hijos” o contra quien mantiene el hogar es exigirle más de lo que el sistema le ofrece en apoyo real.

Frente a este panorama, Vásquez insiste en que la respuesta debe ser integral: prevención “desde la educación, el respeto a los derechos humanos, campañas de sensibilización”, pero también rutas de acceso a la justicia que acompañen a la víctima y le den alternativas para no depender del agresor. Mientras esa combinación no se consolide, el Ministerio Público seguirá viendo cómo muchas mujeres llegan a denunciar… y luego, por miedo, amor, vergüenza o necesidad, piden lo mismo: que todo se quede ahí, con tal de que “ya no las moleste”.