Dudas sobre futuro de Arbeloa sacuden al Madrid

Con orgullo, honor y atrevimiento, el Real Madrid perdió ante el Bayern Múnich y, salvo milagro en la Liga, echó la persiana a la temporada a mediados de abril. En el centro del debate aparece un nombre por encima del resto: Álvaro Arbeloa, cuya presencia en el banquillo blanco el próximo curso es todo un enigma.
Arbeloa asumió el cargo en un contexto delicado, tras la derrota frente al Barcelona en la final de la Supercopa de España y con un vestuario que arrastraba dudas en torno al proyecto anterior liderado por Xabi Alonso. Faltaba cohesión, una idea reconocible y resultados que sostuvieran el rumbo. El exjugador blanco llegaba con el encargo de recomponer el escenario.
Tres meses después, el balance no invita al optimismo. En 21 partidos oficiales, el Real Madrid ha sumado trece victorias, un empate y siete derrotas (Albacete, Benfica, Osasuna, Getafe, Mallorca y Bayern en dos ocasiones), unos números que, lejos de impulsar al equipo, alimentan la sensación de retroceso respecto al punto de partida.
En enero, el conjunto blanco competía en tres frentes. Desde entonces, quedó eliminado en octavos de final de la Copa del Rey y en cuartos de la Liga de Campeones. En LaLiga, la distancia con el líder, el Barcelona, asciende a nueve puntos, una desventaja casi insalvable. Cuando Arbeloa tomó el mando, esa diferencia era de cuatro.
Las comparaciones tampoco juegan a su favor. Antes de su destitución, Xabi Alonso había dirigido 34 encuentros oficiales con seis derrotas, cuatro empates y 24 victorias, registros más sólidos que los acumulados por Arbeloa en un tramo más corto de competición.
Ausencia de un ‘sello Arbeloa’
Pero, más allá de los números, el foco se trasladó al discurso. En la sala de prensa del Allianz Arena, Arbeloa dejó una reflexión que abre interrogantes sobre su papel.
«Desde que me he sentado en esta silla no ha sido para demostrar mi nivel como entrenador. No he querido nunca ganar los partidos con mis decisiones, sino ayudar a los jugadores dentro del campo», advirtió.
La frase, en apariencia conciliadora, desliza una idea incómoda: que el entrenador no decide los partidos, sino que estos se resuelven exclusivamente sobre el césped. En un club como el Real Madrid, donde al técnico se le exige intervenir, corregir y marcar diferencias desde el banquillo, el mensaje alimenta el debate sobre su peso real en el rendimiento del equipo.
El propio Arbeloa profundizó en esa línea al compararse con algunos de los técnicos más influyentes del panorama europeo, como Pep Guardiola, Diego Simeone o Vincent Kompany.
«Nos hemos enfrentado a muchos equipos: al Bayern de Kompany, al City de Guardiola y al Atlético de Simeone. Creo que la mayoría de equipos en Europa tienen el sello de sus entrenadores y no sé cuánto sello tiene este equipo mío, qué porcentaje. Seguramente un porcentaje mucho más pequeño que el que puedan tener los ejemplos que he puesto o el que podía tener el Castilla en mi caso. Como he dicho, siempre he intentado ayudar al club de la manera que he podido y así va a ser hasta el último día», indicó.
La reflexión trasciende la autocrítica puntual. Arbeloa admite que no ha podido construir en el Real Madrid la identidad que él quería. Sobre todo, no ha podido dejar su marca. Parece que se ha puesto al servicio de los resultados, de la urgencia. Una confesión poco habitual en la élite que genera incertidumbre sobre su continuidad.
Y es que, parte del crédito de Arbeloa, su futuro, se jugó sobre el césped del Allianz Arena. Una derrota podía abrirle la puerta de salida a final de curso. Pero la realidad es que no se escondió. Apostó por un once atrevido, ofensivo, ante un equipo que había marcado más de 100 goles esta temporada y uno de los menos goleados de Europa. Se la jugó a encajar una goleada y rozó la gloria. Al final, el Real Madrid murió de pie.
Los irregulares números de Arbeloa también dejaron buenas noticias, porque el técnico del Real Madrid recuperó a Vinícius y a Valverde, apostó por Güler hasta que el turco tocó el cielo en Múnich y se la jugó con canteranos como Thiago Pitarch que apuntan a ser importantes en un futuro.
También se ganó el respeto del vestuario, algo complicado en clubes de primerísimo nivel como el Real Madrid. Pero puede que no sea suficiente y puso en manos de la entidad su continuidad: «Es decisión del club, soy un hombre de club y sólo quiero que gane el Real Madrid, independientemente de quién esté en el banquillo», sentenció.
A Arbeloa le quedan siete encuentros para demostrar que puede seguir en el banquillo del Real Madrid. Alavés, Betis, Espanyol, Barcelona, Oviedo, Sevilla y Athletic esperan en un largo trayecto por el desierto mientras se resuelve el enigma Arbeloa. Más de un mes de incertidumbre y observación. A finales de mayo, la solución.