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Futbol Internacional

Victoria y dudas: el Madrid vuelve a dividir a su hinchada

12 de septiembre de 2026
El Real Madrid, aún sin el perdón incondicional del Bernabéu

El Real Madrid recuperó frente al Rayo la comunión con su hinchada tras el tropiezo ante el Betis y el esfuerzo ante el Inter. Durante 50 minutos. El Bernabéu estuvo de parte de sus jugadores hasta el gol rival, cuando empezó a perder la paciencia. La victoria final, no obstante, salva la relación. De momento.

En la primera mitad, atrás quedaron el dominio sin capacidad de materializar del Villamarín y el sufrimiento sin balón del encuentro europeo. Ante un Rayo con muchas bajas y defectos en defensa, el Madrid pasó un rato tranquilo.

Avisó Mourinho en rueda de prensa de que habría «un espacio» para los menos habituales, y lo confirmó con el once inicial, con cuatro cambios respecto al que ganó al Inter. Los más significativos fueron en defensa, una línea que empezaba a parecer inamovible, con la entrada de Carreras y Rüdiger por Cucurella y Huijsen.

Por delante, el técnico portugués puso de inicio al costamarfileño Yan Diomande, flamante fichaje, que había disputado apenas 94 minutos repartidos en cinco encuentros, siempre desde el banquillo. Fue aplaudido cuando se fue al banquillo, en el 72, pero no más que Arda Güler, que entró en su lugar.

De primeras, el experimento que mejor funcionó fue el de Carreras. El lateral izquierdo forzó el penalti que derivó en el primer tanto, convertido por Kylian Mbappé, y anotó el segundo, después de una combinación al primer toque con el francés.

La banda izquierda del Real Madrid fue protagonista. El tercer tanto también llegó con una conducción por ese lado, en este caso de Vinícius, que puso el pase atrás raso al corazón del área para que Jude Bellingham, sorprendiendo, confirmara la goleada.

Con 3-0 en el marcador antes del minuto 40, el Bernabéu se deshacía en gritos de ánimo a Mbappé, Vinícius y hasta Jose Mourinho. El técnico portugués tenía lo que había pronosticado en la rueda de prensa previa: «Cuando existe unión entre equipo y estadio, eres casi imbatible».

O eso parecía. En la segunda mitad, un Fede Valverde con muchos minutos en las piernas no saltó al césped. Y el Madrid perdió el control. Cedió la pelota al Rayo Vallecano, que dejó de sufrir al tener la posesión, y llegó el 3-1 en una mala entrega atrás de Vinícius que aprovechó Camello.

El Bernabéu, que estaba dando un voto de confianza a su equipo, dejó de tener paciencia. Courtois tuvo que ser determinante, un día más, y sus intervenciones ya no eran celebradas con aplausos, sino secundadas con silbidos para la defensa que había permitido que llegaran esos disparos.

La situación no escaló a mayores porque la renta de la primera mitad bastó para salvar los tres puntos. Y porque entró Güler, de los favoritos de la grada madridista y el más fino de su equipo con el balón en los pies, capaz de recuperar el control perdido para el tramo final.

Vinícius, sustituido a falta de dos minutos, volvió a suscitar opiniones divididas entre la parroquia blanca. El Bernabéu no termina de estar convencido con la versión del brasileño que se ha ganado el respeto de Mourinho. En el añadido, el gol de Mbappé permitió terminar la noche con una nota positiva. Pero, eso sí, sin la reconciliación total.