Tejer en el encierro: Alejandro transforma su condena en el sustento de su familia

Entre el sonido rítmico de los telares y el eco del encierro, la Granja Modelo de Rehabilitación Cantel se ha convertido en el escenario de una profunda transformación personal. Para Alejandro Chocoj, un interno que ingresó a este centro penitenciario en el año 2014, los últimos años han sido un proceso de aprendizaje, resistencia y redención a través del oficio de la tejeduría.
Con más de una década entre los muros del penal de Cantel, Chocoj relata cómo transformó el tiempo de su condena en una oportunidad para dominar el arte textil. Lo que hoy realiza con destreza frente a las máquinas es el resultado de un largo camino que comenzó completamente desde cero.
Del aprendizaje a la mente ocupada
El inicio no fue sencillo para él. «Al principio me costaba, porque la verdad es que sí me costaba», confiesa Chocoj. Sin embargo, el empeño diario le permitió avanzar paso a paso: lo primero que aprendió fue una tarea básica, el hacer los «conitos» de hilo, para luego adentrarse por completo en el complejo mundo del tejido.
Más allá de aprender un oficio técnico, el trabajo dentro de Cantel se convirtió en un salvavidas psicológico. En un entorno donde la convivencia y el encierro quiebran a muchos, mantener la mente enfocada ha sido su clave para salir adelante.
«El reto más grande que he tenido acá es la supervivencia de estar acá. Hay muchos compañeros que ya, lamentablemente, no están en medio de nosotros; se desesperan por estar encarcelados. Pero nosotros hemos mantenido nuestra mente en el trabajo», reflexiona Chocoj con seriedad.
El valor de la familia y el sustento a la distancia
Para Alejandro, el aislamiento en la granja de rehabilitación también trajo consigo una profunda lección de vida: «Aquí viene a aprender uno a valorar a la familia». A pesar de las circunstancias y la distancia, el apoyo de sus seres queridos ha sido un pilar incondicional desde el primer día de su reclusión.
Este lazo familiar se ha transformado en un esfuerzo conjunto de emprendimiento y subsistencia. Gracias a la producción textil que Chocoj realiza dentro de Cantel, su familia se encarga de recibir el producto afuera para su posterior distribución y venta. De esta manera, logra ganarse el sustento de forma honrada y aporta económicamente a su hogar.
Un llamado a la réplica en otros penales
La experiencia de Alejandro Chocoj lo lleva a pensar en el potencial de rehabilitación que existe si se replican estos programas en otros centros carcelarios del país. Para él, la clave radica en la voluntad propia combinada con la oportunidad correcta.
«Uno tiene que tratar la manera de quererse uno mismo y decir: ‘Bueno, yo quiero salir adelante y quiero ver qué hago'», afirma con determinación. El interno asegura que si se abrieran estos espacios en otros penales, muchos reclusos responderían de manera positiva, impulsados por el deseo de ayudar a sus familias y demostrar que el cambio es posible.