¡Golpe rojiblanco! Atlético derrota al Real Madrid en el derbi

El derbi del Metropolitano se redujo a un instante definitivo, a un envío en largo diagonal de David Hancko, una carrera de Giuliano Simeone, el penalti y la expulsión de Dean Huijsen y el principio de todo para la victoria del Atlético de Madrid, que transformó el 1-0, después amplió al 2-0 y doblegó a un Real Madrid decepcionante, que aún logró el 2-1 e hizo sufrir al conjunto local.
El momento clave se sitúa en el minuto 50, después de una primera parte con más bronca y ruido que fútbol. La pena máxima, ejecutada por Grimaldo, marcó el punto de inflexión del duelo, que ya fue del todo del conjunto rojiblanco, sin reacción del bloque de Jose Mourinho y con el 2-0 tan rápido, de Jonathan David, al que entregó Giuliano el gol.
Foco de las críticas tantas veces, competitivo como el que más, es su espíritu inconformista, rebelde, pura ambición, una cualidad que lo ha hecho jugador de primer nivel. En el Atlético y en la selección de Argentina. El derbi fue la reafirmación de que el fútbol es mucho más que una técnica exquisita. Es velocidad, fuerza, esfuerzo y fe.
También existió calidad, porque no se entiende de ninguna manera el pase del segundo gol sin ella, tan certero, al punto justo, para el remate dentro del área de Jonathan David.
Así reventó Giuliano Simeone un partido con tantas expectativas como sumamente pobre en el primer tiempo, hasta que su aparición marcó la diferencia.
Imparable el Barcelona, pleno, entusiasta, goleador y líder absoluto, presionados el Atlético y el Real Madrid, el encuentro fue hasta entonces un tremendo enredo. Laberíntico. Una secuencia constante de interferencias. De pases a la nada, de futbolistas por el suelo, de discusiones a diestro y siniestro, de caídas y protestas. No es otro fútbol, como suele decirse. No hubo fútbol, apenas. Ni por un lado ni por el otro.
Quizá el peso de la responsabilidad de los puntos, viendo como ve todo el mundo, ambos equipos incluidos, como vuela el Barcelona en cada compromiso esta temporada; quizá ninguno de los dos conjuntos están tan construidos, finos e inspirados como pretenden o deben serlo; quizá se preocuparon tanto de los riesgos que se aturullaron…
Ni el Atlético ni el Real Madrid, salvo momentos puntuales, transmitieron cuál era el plan. Seguro que existía desde el principio, pero el rival lo anuló. O no funcionó. Porque la imprecisión fue una norma; los trompicones el camino; y las faltas, las reclamaciones y la frustración una rutina. Mucho ruido, pocas nueces. Ni una sola ocasión real de gol en toda la primera parte. Ninguna. Un tiro de Arda Güler, a las manos de Oblak, y un centro de Kang in, estirado Courtois para esquivar el remate de Jonathan David. Nada más.
Demasiado poco. También fruto de que los grandes futbolistas de los dos equipos, con uno de ellos, Julián Alvarez, abroncado de nuevo cuando sonó su nombre en megafonía, de inicio en el banquillo, se perdieron en ese otro fútbol, en la fricción, la tensión y la intensidad, aplacada sus apariciones a momentos esporádicos. Fue mejor el Atleti cuando Kang in o Baena lo dirigieron, igual que el Madrid cuando jugó Arda Güler.
Sucia la transición, todo quedó a expensas del error ajeno. Siempre interesó a ambos equipos más que su propio acierto. El origen de todo era lo primero. Nada de lo segundo. Ni Vinicius ni Mbappé, en el ataque madridista. Ni tampoco Bellingham, encarado con ‘Cuti’ Romero, rencillas pendientes. Ni Jonathan David ni Giuliano. Un cortocircuito.
La segunda parte empezó distinta. Y lo cambió todo. Recurrió Simeone a Koke, más clarividencia en el medio campo; salió potente el Atlético, con un disparo de Álex Baena; malgastó el Real Madrid un contragolpe, mal resuelto por Bellingham; y el fútbol más práctico de siempre deshizo el 0-0, puesta en evidencia la defensa madridista.
Tan fácil como un golpeó largo con la izquierda de David Hancko en la salida de balón, una carrera al espacio de Giuliano Simeone a la espalda de Huijsen y el agarrón del central al extremo cuando atravesaba la línea del área y más allá. Penalti. Primero, Miguel Ángel Ortiz optó por la amarilla. Después, llamado por el VAR, cambió a roja. Grimaldo hizo el 1-0. Era aún el minuto 53. Un horizonte prometedor para el Atlético. Un golpe al Madrid.
Cómo fue toda la acción debe invitar al Real Madrid a la autocrítica. A cómo fue tan fácil hacerle tanto daño de repente. Jose Mourinho debió mover piezas. Mandó a la caseta a Vinícius, decepcionante en el derbi, como tantos y tantos otros compañeros y rivales, y a Güler, perdido en un encuentro de tanta pierna dura y poco juego. Entraron Diomande y Rudiger, que observó ya desde el terreno el segundo gol en contra, ya en el minuto 59.
Kang in está en todo lo bueno que tiene el Atlético en ataque. Él está en el origen, por el recorte y por el paso profundo a la carrera por la derecha de Giuliano, que centró al área, inalcanzable para Cucurella. Lo remató Jonathan David, que le ganó la espalda da Rudiger. El segundo golpe. El definitivo. El derbi de Giuliano Simeone. Pudo marcar más goles el Atlético, ya con Julián Alvarez en el campo, abroncado primero y aplaudido después por su juego, pero, sin embargo, encajó el 2-1 en un cabezazo de Rudiger en el minuto 90. El sufrimiento final del Atlético, resistente. Demasiado tarde para el Real Madrid.