Francia reúne un G7 excepcional de Finanzas, Energía y Bancos Centrales por guerra en Irán

Francia celebra este lunes una reunión del Grupo de los Siete (G7) de ministros de Finanzas y de Energía junto a responsables de bancos centrales y directores de otros organismos internacionales para abordar la situación actual generada por la guerra en Irán y su impacto en Oriente Medio y en la economía global.
Este formato sin precedentes «demuestra claramente el grado de interconexión entre las cuestiones del suministro energético y los precios», declaró el ministro francés de Economía y Finanzas, Roland Lescure, al inicio de la reunión a la que se sumaron representantes de la Agencia Internacional de Energía (AIE), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial.
El ministro constató que algunos países del G7 «tienen problemas de suministro», como Japón, mientras que otros tienen «más bien problemas de precios», como Francia, o «problemas económicos, problemas financieros, problemas de inflación».
La idea de la reunión, dijo Lescure a sus interlocutores, «es seguir la evolución de la situación, intercambiar diagnósticos, en particular sobre las posibles perturbaciones en curso, algunas de las cuales sabemos que se están produciendo en Asia».
Y ante el fuerte incremento de los precios de la energía, el ministro francés constató que «ya existen diferencias en la respuesta» dada por diferentes países y que estas están «vinculadas en gran medida a las diferencias de situación y exposición a la crisis».
El encuentro, por videoconferencia, comenzó entorno a las 13.00 horas locales (11.00 GMT), según un portavoz del ministerio de Economía y Finanzas de Francia, que ejerce este año la presidencia del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Reino Unido y Japón).
El objetivo de la reunión extraordinaria será analizar la situación económica global en un contexto marcado por la convergencia de crisis energéticas, presiones inflacionarias y desafíos macroeconómicos, según había avanzado Lescure la semana pasada al anunciar se convocatoria: se trata de «entender qué está ocurriendo», señaló.
Estados Unidos ha solicitado el apoyo del G7 para ayudar a detener el bloqueo iraní de la ruta marítima del estrecho de Ormuz, vital en el comercio de petróleo y otros materiales esenciales.
Tras una reunión presencial el jueves y viernes de la semana pasada a las afueras de París, los ministros de Asuntos Exteriores del G7 afirmaron que era una «necesidad absoluta» que Irán restableciera el libre paso por el estrecho y pidieron en una declaración conjunta el cese de los ataques contra la infraestructura civil.
Ante la situación energética, muchos gobiernos han puesto en marcha medidas para limitar el impacto de las dificultades de suministro y el fuerte aumento de los precios de la energía.
Pero estas decisiones se enfrentan a la incertidumbre por la falta de claridad sobre los objetivos bélicos de Estados Unidos, la incertidumbre sobre la posible duración del conflicto y la extensión de las hostilidades.
La Administración estadounidense, incluido el presidente Donald Trump, han afirmado que sus objetivos en la guerra están prácticamente alcanzados, mientras que paralelamente está desplegando miles de efectivos en la región.
Según The New York Times, el Gobierno de Estados Unidos tiene ya más de 50.000 efectivos desplegados en Oriente Medio, unos 10.000 más de lo habitual.
Al inicio del segundo mes de la guerra, Trump afirmó que su preferencia en el conflicto con Irán sería «tomar el control del petróleo» del país y dejó abierta la posibilidad de apoderarse de la isla de Jarg, principal terminal de exportación iraní, en una entrevista al diario Financial Times, donde también reconoció que una operación de ese tipo implicaría una presencia prolongada sobre el terreno.